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En el mundo de la empresa, los perfiles digitales han sido y son algunos de los protagonistas claros de la crisis sanitaria y mundo pos covid. Quienes habían hecho las tareas han vivido esta etapa con más holgura que quienes no pusieron su transformación digital a la cabeza. Consecuencia de esta coyuntura es la probable burbuja que estas posiciones comienzan a inflar. Precisamente, la periodista Montse Mateos me preguntaba mi visión sobre la actual demanda para su tema La escalada salarial de los perfiles digitales. Mi respuesta a riesgo de equivocarme es transparente: «La escalada se mantendrá, si bien  la opción para contenerla es que la compañía piense más en el largo plazo y con un sentido empresarial que en el corto plazo. Es por eso que el baremo para justificar si hay que subir o bajar sueldos, estará muy relacionado con la situación de la compañía, es decir, sector de actividad, compañía familiar, multinacional, etcétera, pero jamás se debe olvidar que el éxito es de la empresa. Crear divos es un poco arriesgado, si bien es cierto que hay situaciones excepcionales en posiciones críticas, con genios, que se salen de la equidad. En estos casos es posible hablar de fichajes».

Evidentemente estamos en una época convulsa y como es lógico,  hay posiciones más demandadas que otras,  por lo que puntualmente pueden estar fuera de las bandas retributivas habituales. Es una cuestión de oferta y demanda.  Ocurrió en los momentos de auge en el sector informático, en la construcción… y hoy con los nuevas posiciones digitales, pero no solo, seguramente seguirá ocurriendo, es cuestión de oferta y demanda. Son las empresas las que valoran lo que están dispuestas a invertir para no quedarse atrás.

Durante la pandemia las empresas que habían hecho los deberes con su transformación digital han recibido el premio. Ahora todas tienen claro que no pueden quedarse atrás. Con las puntocom hubo auténticas barbaridades precisamente porque nadie quería perder el tren. Ante nuevos escenarios aparecen nuevas necesidades de talento que al no tener comparativa con nada, las empresas no saben evaluar, pero luego con el tiempo todo esto va  bajando, equilibrándose con sensatez.

Las empresas son como las personas, tienen una parte racional y otra emocional. En este sentido, somos capaces de aprender y tomar nota de lo que controlamos pero cuando el mundo evoluciona tan rápido, es lógico que aparezcan nuevos campos de actuación, roles,  que no estaban en nuestro radar y que no sabemos su posible impacto. Esto seguirá ocurriendo, y el aprendizaje fundamental está en aprender a gestionar la incertidumbre que ha llegado para quedarse.

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Carlos Recarte

Socio fundador de Recarte & Fontenla. Más de 20 años en consultoría de executive search y desarrollo directivo, en renombradas firmas como Korn Ferry-Hay Group, Garrigues Human Capital y Overlap, liderando proyectos para grandes corporaciones y empresa familiar en diversos sectores.