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Quien ha vivido un proceso o más de selección sabe que pasada la euforia de “me han llamado para una posición muy interesante”, se presentarán distintos momentos difíciles no solo para los candidatos, también para los seleccionadores (los consultores de búsqueda de directivos y la empresa cliente). Veamos algunos de ellos.

A medida que el proceso avanza, hay que tomar decisiones y eso puede hacer que se vuelva más intenso ya que finalmente la relación será equiparable a un matrimonio profesional que tiene que funcionar. Lo importante en un proceso, dado que no tenemos la varita mágica, es conseguir minimizar los riesgos en la contratación. Cuanto menos riesgos, más probabilidad de éxito.

La participación en un proceso de selección implica a priori un interés en la empresa y en la posición ofrecidas. Desde luego habrá que ir prospectando y descubriendo, y siempre hay tiempo para retirarse lícitamente, pero es imprescindible mostrar una actitud coherente con la situación lo que significa que hay que mostrar la motivación sin remilgos porque será un elemento crucial.

De forma recíproca, es importante también que la empresa sepa vender el proyecto a los candidatos, ya que por regla general, todos consideran que su empresa es única, sea cual sea su tamaño, facturación…y a veces quieren un piloto de fórmula uno para un “seiscientos”. Se trata de atraer talento que es siempre importante a cualquier nivel pero que adquiere una dimensión especial al tratarse de altos directivos que tendrán por tanto, un mayor impacto.

 Autenticidad, autenticidad y autenticidad

Ser auténticos y mostrar naturalidad es otra de las grandes claves, la única para poder bajar la guardia y favorecer el proceso. En este sentido, es mejor decir que un tema no lo conocemos a inventarnos algo que con seguridad nos traerá problemas futuros. Un buen líder no tiene por qué dominar todas las áreas, pero sí debe ser capaz de rodearse de los mejores en cada disciplina y gestionarlos para alcanzar los resultados esperados.

Además, mostrar nuestra parte más humana y cercana suele generar empatía en las otras personas. Nadie es perfecto y el que se lo crea tiene un problema. Todos tenemos nuestras fortalezas y nuestras áreas de mejora, algunas las podremos corregir pero nunca serán tan sólidas como las fortalezas. Lo relevante es tener un grado suficiente de autoconocimiento porque permitirá una mayor naturalidad y transmitirá consistencia y madurez.

Si hablamos de titubear, el terreno ya es distinto, ya que puede denotar o transmitir inseguridad. Lo mejor es ser claro en la comunicación en todo momento. Pensar es bueno, pero no debemos quedarnos “atascados” o girando en círculo.

Paralelamente, no hay que olvidar que pedirán referencias sobre nuestro desempeño. Como bien se puede suponer son fundamentales. Normalmente se solicitan referencias  formales una vez el cliente ha decidido hacer una propuesta al candidato finalista.  Las referencias deben ser solicitadas  al propio candidato para que avise a las personas que recibirán nuestra llamada. No todas deben ser perfectas, pero sí deben ser coherentes. Además nos ayudarán a reforzar o aclarar algún punto que podía generar alguna duda, como el tipo de liderazgo, el trabajo en equipo, la resiliencia, etc.

La hora de la verdad

La fase en que se negocian las condiciones salariales y el tipo de contrato, es uno de los momentos de la verdad, sobre todo en el caso de altos directivos ya que tiene otras implicaciones, como negociar un paquete de acciones, stock options, LTI (Long Term Incentives). Si la persona es contratada para irse a otro país o a otro emplazamiento, también dificulta el proceso, ya que en general es una decisión de mayor calado que afecta a la familia. No obstante, si el proceso se lleva a cabo con profesionalidad, y se cubre bien cada fase, no debería haber grandes sorpresas.

Los tiempos en un proceso de selección pueden ser mucho más largos de lo que en principio cabría esperar y desde luego deseáramos porque siempre hay eventualidades que se nos escapan, bien del negocio o del propio proceso y de las personas involucradas. Así que saber vivirlos con calma y templanza es obligatorio. Lo contrario, el desfondamiento, las llamadas intempestivas,  o incluso atravesar líneas rojas como contactar directamente con la empresa, casi a buen seguro significará la descalificación. Gestionar la incertidumbre con inteligencia emocional siempre ha sido importante, y hoy imprescindible.

¡Buena suerte!