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No cabe duda de que una vida feliz suele ser el resultado de un continuo aprendizaje. Nadie nos enseña a ser un niño, un adolescente o un joven, y qué decir cuando nos vemos en el papel de padres de familia o en el de ancianos. Realmente es la propia experiencia la que nos va curtiendo a base de prueba y error, y lo mismo ocurre en el mundo profesional. La clave está en dejarse ayudar y asesorar, con la mente abierta, por las personas indicadas en cada momento.

Normalmente, la carrera de un directivo de éxito es una sucesión de decisiones acertadas en lo que se refiere a sus pasos profesionales, sobre los empleadores y las responsabilidades que ha ejercido. Suele existir un hilo conductor, según el cual una cosa ha llevado a la otra de forma natural hasta llegar al momento actual. En él subyace el buen criterio en la toma de decisiones en el día a día, unido a saber esperar la ocasión.

Los ingredientes que configuran la vida de un ejecutivo son múltiples: una buena capacidad intelectual, combinada con valores y habilidades personales como el tesón y la persuasión, la resiliencia y la paciencia. También es necesario el equilibrio con la vida familiar, que permite alcanzar cotas más altas de excelencia. Y, cómo no, un entorno de relaciones constituye un gran catalizador, que viene determinado por el contexto social en sentido amplio, pero que también puede cultivarse.

La importancia de un buen asesoramiento

Una vez que se cumplen estas condiciones, entra en juego la importancia de un buen asesoramiento de carrera, una figura que siempre me pregunto por qué no existe en el mercado de forma estandarizada. Se trata de un territorio subjetivo que en la práctica es asumido por distintas figuras según el momento vital que atravesamos. Durante la infancia y la juventud ese papel es ejercido por los progenitores, los profesores, o bien otras personas con ascendencia sobre nosotros. A lo largo de la trayectoria laboral van sucediéndose figuras que marcan una influencia, sobre todo los jefes, pero existen muchos otros interlocutores en el universo profesional: los propios colegas y los clientes, los coaches, los mentores, los headhunters y otros influenciadores, como pueden ser los propios amigos y, cómo no, los familiares.

Mi consejo es dejarse asesorar de una manera sostenida en el tiempo, que permita anticipar la jugada y fraguar el criterio en la orientación profesional evitando las decisiones apresuradas al albur de los acontecimientos que sin duda jalonan el recorrido. Además del preceptivo viaje interior que refuerce el autoconocimiento, qué saludable es obtener una perspectiva de 360 grados sobre lo que otros perciben de nosotros mismos. Esta visión no solo debe estar abierta a los veteranos, sino también a los jóvenes, que aportan un punto de vista nuevo y, por tanto, menos contaminado por los prejuicios que se van acumulando. Sin duda, un enfoque más valiente que proporcione una visión “generacional” amplia, aunque para ello sea necesario abandonar la prepotencia que ensombrece la seniority, esa torre de marfil en la que a veces se refugian los directivos.

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Andrés Fontenla

Socio fundador de Recarte & Fontenla. Más de dos décadas en consultoría de executive search y desarrollo directivo en multinacionales como Korn Ferry y Randstad, dirigiendo filiales y unidades de negocio y liderando equipos de consultores en España y varios países europeos.