Skip to content

Sostenibilidad en agenda, atención a la nube, cultivar el talento, más velocidad y propósito son las cinco prioridades que McKinsey ha identificado en sus conversaciones con primeros ejecutivos de todo el planeta. Prioridades llamadas a convertirse en su estrella del norte mientras navegan por las tendencias que están esculpiendo la futura economía mundial.

Tal y como expone en su análisis, durante el transcurso de la pandemia, las empresas se han adaptado en gran medida, y a menudo con éxito, a nuevas formas de trabajar, adoptando la digitalización y la reorganización de sus cadenas de suministro. Pero prepararse será mucho más que afinar sus tareas diarias; necesitan estar dispuestos a repensar cómo operan, e incluso por qué existen. Por decirlo de otra manera, los líderes deben dar un paso atrás, respirar y considerar una perspectiva más amplia. Veamos una a una:

  1. Sostenibilidad en agenda, con el principio de producir bienes y servicios con un daño mínimo al medio ambiente. Muchas empresas ya han tomado medidas serias de motu proprio. En un futuro muy cercano, sin embargo, será imprescindible si queremos presentar un balance alineado con lo que los consumidores y los reguladores comienzan a exigir. Por de pronto, BlackRock ya lo pide. En este contexto, la sostenibilidad debe realizarse de forma tan sistemática como la digitalización o el desarrollo de estrategias porque será una fuente importante de ventaja competitiva a largo plazo. Así la sostenibilidad se convierte en una estrategia central.
  2. Transformación en la nube. El potencial de la nube para crear valor es claro desde hace mucho tiempo, pero ahora sus capacidades se están fundamentando en la realidad. Al permitir tanto la velocidad como la escala, la nube es fundamental para la innovación. Para 2030, podría haber un billón de dólares en juego, y es probable que los primeros usuarios se lleven la mayor parte.
  3. Cultivar el talento. El talento es el recurso natural más importante y las empresas líderes están mostrando cómo desarrollarlo. Entrenan y empoderan a equipos pequeños, basándose en habilidades, y no en jerarquías; y llenando los vacíos mediante la capacitación y el desarrollo. El resultado final: una mejor experiencia para los empleados ofrece mejores resultados. La organización del futuro no se parecerá, o al menos no debería, a la que existía en 2019. Deberá ser más flexible, menos jerárquica y más diversa.
  4. Más velocidad. La pandemia obligó a muchas organizaciones a actuar con rapidez. Ahora la prioridad es mantener esa velocidad diseñándola en la organización. Así que piense en la velocidad como un músculo a desarrollar; invierta en nuevas tecnologías de colaboración; anticípese a los cambios en la demanda y concéntrese en los resultados. Y es que el ritmo del cambio se acelera y el panorama empresarial es más fluido que nunca. Por tanto, la necesidad de velocidad, la cuarta prioridad, es crítica. Pero esta velocidad debe ser sostenible. Las empresas hicieron cosas notables en los primeros meses de la pandemia, impulsadas por la adrenalina y la sensación de urgencia. En el futuro, la velocidad debe integrarse en la organización. Por decirlo de otra manera, la velocidad no se trata solo de acelerar el motor, sino de diseñarlo para que funcione de manera más eficiente e inteligente.
  5. Actuar con propósito. Los empleados quieren trabajar en lugares que tengan un propósito y se irán si no lo encuentran. Así, las empresas con un propósito claro tienen más probabilidades de generar valor a largo plazo, más allá de generar dinero para los accionistas, aunque sea esencial. La clave es ayudar a sus empleados a encontrar un propósito, o mirar cómo se van.

En síntesis, los líderes deben asumir que las personas quieren vidas con sentido personal y profesionalmente. Investigaciones anteriores han encontrado que las empresas con un fuerte sentido de propósito superan a las que no lo tienen. Por otro lado, las personas que dicen que viven su propósito en el trabajo son simplemente mejores empleados: más leales, más propensos a hacer un esfuerzo adicional y menos predispuestos a irse. El propósito ayuda a las empresas a reconocer las oportunidades emergentes y a conectarse con sus clientes. Por tanto, también debería considerarse una prioridad y una fuente de ventaja competitiva.

“La forma en que se implementen estas cinco prioridades variará de una empresa a otra; algunas serán más importantes que otras, dependiendo del mercado. Pero creemos, y los ejecutivos de todo el mundo con los que hemos trabajado están de acuerdo, en que dominar estas cinco prioridades mejorará sustancialmente las probabilidades de éxito”, argumentan Homayoun Hatami y Liz Hilton Segel, autores de este análisis.