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La vieja consigna hoy no solo ha ganado total actualidad si no que se hace imprescindible frente al estado de alarma prácticamente planetario que vivimos. Leyendo me he topado con un magnífico artículo de Martin Reeves y Jack Fuller en la Harvard Business Review, titulado We Need Imagination Now More Than Ever, que me voy a permitir extractar y compartir sus claves para favorecer corporaciones creativas ante la urgencia que nos reclama. No obstante, animo a quienes me leáis que recurráis a la fuente original. En este caso, solo soy el mensajero.

Escenario: Las pandemias, las guerras y otras grandes crisis sociales son un antes y un después que generalmente crean nuevas actitudes, necesidades y comportamientos, que nos tocan gestionar.

Premisa: La imaginación, la capacidad de crear, evolucionar y explorar modelos mentales de situaciones sin precedentes es crucial para crear nuevas oportunidades y encontrar nuevos caminos hacia el bienestar social y económico.

Pero ¿cómo impulsamos la imaginación colectivamente en una organización siendo una habilidad tan escurridiza sobre todo bajo los efectos del estrés? O como dicen Reeves y Fuller, ¿cómo podemos evitar que la imaginación sea la primera víctima de la crisis?

A la luz de su investigación que se convertirá en un futuro libro sobre la corporación imaginativa, proponen siete claves:

 

  1. Tiempo para reflexionar

El tiempo siempre es un bien escaso y en una contingencia como la que vivimos cada día faltan horas. El problema es que si no dedicamos tiempo a la reflexión no veremos el panorama general, y mucho menos una imagen constructiva del futuro, a menos que demos un paso atrás y reflexionemos.

  1. Preguntas activas y abiertas

En una crisis como esta no hay respuestas inmediatas así que la clave es enunciar buenas preguntas. Las preguntas pasivas nos llevarán a la parálisis. En cambio, las preguntas activas nos conducirán a la posibilidad de dar forma a los eventos a nuestro favor.

La creatividad implica ir más allá de los precedentes y las alternativas conocidas mediante preguntas que impulsen la exploración de nuevas ideas y enfoques.

  1. Permítete jugar

En situaciones desconocidas, que cambian rápidamente, el juego es una capacidad crítica. Además de aliviar el estrés diario – ¿cuántos de nosotros estamos trabajando actualmente desde el amanecer hasta el anochecer? – el juego puede terminar siendo, contraintuitivamente, muy productivo. Podemos establecer conexiones nuevas e interesantes cuando nos permitimos relajar nuestro enfoque principal, centrado en los objetivos críticos (y las preocupaciones más apremiantes). Puede que en el momento no salga nada útil del juego, pero nos ayudará a imaginar, improvisar y estar abiertos a la inspiración, habilidades clave para navegar por lo desconocido.

  1. Comparte ideas

Las ideas crecen al saltar entre las mentes. Las empresas necesitan facilitar la imaginación colectiva. La clave es promover que se compartan nuevas ideas mientras aún están en desarrollo: crear foros para que las personas se comuniquen de manera informal, sin jerarquía, informes, permisos o justificaciones financieras.

En cambio, la forma de matar la imaginación y la difusión de ideas es construir silos funcionales que no se comuniquen e inducir el temor de no cumplir con los requisitos de sugerencias «sensatas». Estamos ante una discontinuidad histórica que requiere emprendimiento y creatividad.

  1. Busca lo anómalo e inesperado

La imaginación se potencia con conexiones sorprendentes. Nuestras mentes buscan patrones y cuando algo no encaja, nuestros procesos mentales buscarán diferentes estrategias y cursos de acción para resolverlos. La consigna es mirar externamente.

Se trata de examinar los accidentes, las anomalías y los detalles, preguntándonos: «¿Qué no encaja aquí?». Profundizar en las respuestas nos llevará a nuevos encuadres, replanteamientos y puede que al descubrimiento de nuevas posibilidades.

  1. Experimenta

Aunque una crisis agota nuestros recursos, es importante alentar los experimentos, incluso con presupuestos reducidos. Los sistemas naturales son más resistentes cuando son diversos, y esa diversidad proviene de probar nuevas formas de hacer cosas nuevas. Nuestras ideas solo se vuelven útiles si se prueban en el mundo real, a menudo generan resultados inesperados y estimulan a su vez nuevas ideas.

  1. Esperanza

La imaginación se alimenta del dolor que nos impulsa a buscar una realidad mejor. Cuando perdemos la esperanza y adoptamos una mentalidad pasiva, dejamos de creer que podemos cumplir con nuestros ideales o solucionar nuestros problemas. El pesimismo puede convertirse en una profecía autocumplida.

Como líder, pregúntese si está dando a las personas motivos para la esperanza, la imaginación y la innovación, o si está utilizando un lenguaje pesimista o fatalista, lo que podría crear una espiral descendente en la creatividad organizacional. Hacer frente a los riesgos reales implica asumir riesgos imaginativos, lo que requiere esperanza.

Todas las crisis contienen las semillas de la oportunidad. Es probable que muchas empresas encuentren una segunda vida durante y después de la pandemia, si logran mantenerse y aprovechan su imaginación. La creatividad puede parecer un lujo frívolo en una crisis, pero en realidad es una necesidad para construir el éxito futuro, comparten Martin Reeves y Jack Fuller.

 


Martin Reeves is a senior partner and managing director in the San Francisco office of BCG and chairman of the BCG Henderson Institute, BCG’s think tank on management and strategy. 

Jack Fuller is a project manager at the BCG Henderson Institute. He is a Rhodes Scholar with a background in neuroscience and philosophical theology.

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Carlos Recarte

Socio fundador de Recarte & Fontenla. Más de 20 años en consultoría de executive search y desarrollo directivo, en renombradas firmas como Korn Ferry-Hay Group, Garrigues Human Capital y Overlap, liderando proyectos para grandes corporaciones y empresa familiar en diversos sectores.