Vivimos tiempos marcados por una tensión geopolítica creciente, conflictos prolongados, nuevas formas de polarización y un tablero internacional que se reconfigura a gran velocidad. A esto se suma la transformación tecnológica del trabajo, la presión sobre las empresas y una sociedad que busca certezas donde ya no las hay. En contextos así, conviene volver a ideas esenciales.
En 2019, el diario económico Expansión me pidió una tribuna que, con el tiempo, se convirtió en una brújula para nuestro equipo en Recarte & Fontenla, y también para muchos profesionales que atravesaban momentos de cambio. La titulé igual que esta. Nació en un entorno complejo, con las incertidumbres de aquel momento. Hoy, esa reflexión resulta, si cabe, aún más actual.
Contaba en aquel artículo algo que sigo recordando con nitidez. Un candidato me dijo:
“Solo tengo una opción, ¡que me vaya bien!”
Me impresionó su convicción. Me gustó su enfoque. Pero no era el único en el proceso, así que lo viví desde una mirada más analítica: ¿sería él finalmente el elegido?
Acababa de cerrar una larga etapa en una sola empresa. En cierto modo, era víctima de los tiempos, pero no quería quedarse en ese papel. En nuestras primeras interacciones, la incertidumbre era mutua: por su parte, cómo desprenderse del barniz de una compañía emblemática; cómo integrarse en un entorno que pedía más proximidad y adaptación. A medida que avanzaba el proceso, su actitud positiva, la determinación de todas las partes y la voluntad de comprender a fondo quién era el candidato idóneo, hicieron que todo llegara a buen puerto. Una vez superados los nervios iniciales —y tras una necesaria autorreflexión—, él demostró que podía superar obstáculos y hacer suya la oportunidad.
A lo largo de mivida profesional, he tenido (y tengo) el privilegio de observar muchas trayectorias. Y sigo viendo algo común en quienes logran sostenerse y avanzar: no hay fórmulas mágicas ni talentos caídos del cielo. Lo que marca la diferencia es el empuje y el enfoque positivo. Esa actitud que se concreta en estar convencido de que solo se tiene una opción: que te vaya bien.
Con los años, uno entiende que la vida no es blanco o negro. Pero también que hay una parte que sí depende de uno mismo. Las cosas pueden no salir como habíamos planeado, pero cuando se ha puesto todo —el trabajo bien hecho, la actitud correcta, la honestidad con uno mismo—, cualquier adversidad se puede afrontar con fuerza. Y esa emoción profunda, cuando llega, suele tener un sabor sereno: que lo que ha ocurrido es, en el fondo, lo mejor que podía pasar. Aunque haya que esperar un poco más, aunque sea con una forma distinta a la proyectada.
La introspección resulta especialmente útil en momentos de incertidumbre. Detenerse a reflexionar permite identificar los próximos pasos profesionales, reconocer qué puede aportarse desde la posición actual y definir qué aspectos personales y profesionales merece la pena cultivar. Todo ello bajo la conciencia de que el futuro siempre será incierto y que hay que aprender a convivir con ello sin perder el norte.
Además del análisis, es necesario poner en marcha una estrategia sólida. Ello implica planificar con realismo, dosificar el esfuerzo, organizar los recursos y, por supuesto, desarrollar la resiliencia necesaria para afrontar los retos que surgen en cualquier proceso de ejecución.
En definitiva, se trata de estar preparado tanto para alcanzar el éxito como para ajustar el rumbo cuando sea necesario. Aprender a convivir con las dificultades sin dramatismo. Superarlas haciéndose más sabio, más completo. Y, sobre todo, mantener una disposición optimista ante cada nueva etapa. Porque, al final, eso también se entrena.
Dormir en paz no es sinónimo de que todo haya salido bien. Es saber que se ha hecho lo correcto con lo que se tenía. Que se ha sido fiel a los propios principios. Y que, pase lo que pase, se ha apostado con coherencia por lo único que realmente depende de cada uno: hacer que lo que está en nuetra mano vaya bien. ¡Buena suerte!
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Esta tribuna se publicón en el diario Expansión el 9 de marzo de 20219.

