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Nuestro socio Carlos Recarte hace esta reflexión en el diario Expansión sobre la importancia de las llamadas soft skills en la vida de un directivo:

«Hace tiempo que las habilidades blandas o soft skills protagonizan artículos y discusiones sobre las cualidades que debe presentar un buen directivo. Comunicación, empatía, capacidad de resolución de problemas, pensamiento lateral, inteligencia emocional… pocas dudas hay de su importancia: no solo se trata de habilidades que complementan y amplifican las capacidades técnicas, sino que además son transversales a puestos y departamentos. Con estos mimbres, las soft skills pueden definir y potenciar en buena manera la carrera de un alto directivo o de cualquier profesional de éxito.

En esos debates, además, siempre se destaca que este tipo de cualidades son las que no tienen las máquinas, que son excelentes en la ejecución, pero a las que aún les falta mucho para tratar con la complejidad de los comportamientos humanos, o responder a situaciones inesperadas. Desde ese punto de vista, las soft skills aportan ese factor humano imprescindible para marcar diferencias entre nuestros stakeholders de una economía cada vez más digitalizada y evitar que caiga en la deshumanización automatizada.

Leía estos días un reciente análisis de McKinsey que pone cifras a este fenómeno y gracias a ellas realmente vemos que el impacto de las soft skill en el balance de las empresas es aún mayor de lo que venimos proclamando, y seguirá creciendo en el futuro más próximo. Por una parte, compara la situación actual con el 2030 en cuanto a horas trabajadas. Y aquí vemos que, obviamente, en la era digital son las habilidades tecnológicas las que más crecerán en horas (un 55 %), pero las horas trabajadas que impliquen habilidades sociales y emocionales crecerá también un 24 %, por encima incluso de las capacidades cognitivas complejas, que experimentarán un aumento del 8 %. Por su parte, los trabajos que impliquen habilidades físicas y manuales y capacidades cognitivas básicas estarán en claro retroceso (-14 % y -15 %, respectivamente).

Como headhunters en estrecho contacto con el mundo directivo, nosotros somos plenamente conscientes de esa necesidad por parte de las empresas, algo sobre lo que los estudios de McKinsey también arrojan luz. Y es que el 37 % de los profesionales de recursos humanos afirma que necesitan capacidades de resolución de problemas, creatividad, pensamiento crítico e innovación, el 32 % destaca la capacidad para tratar con la ambigüedad y la complejidad y el 31 % cita las habilidades de comunicación como una competencia que buscan cuando reclutan talento.

Pero lo que quizá más llama la atención es el análisis de las expectativas de las compañías de cubrir ese gap de habilidades. Aquí vemos que la preocupación por no contar con capacidades asociadas a los soft skills se dispara y es más notoria cuanto más digitalizado está un departamento o área de la empresa. Es decir, a más automatización, más necesidad sienten las empresas de que deben incorporarlas para ser realmente efectivas. Con estas evidencias en la mano, no cabe duda de que las habilidades blandas son algo más que una moda y, por el contrario, pueden tener un impacto definitivo en la cuenta de resultados de cualquier empresa».

  • Este texto fue publicado como tribuna el pasado 7 de marzo de 2020 en el diario económico Expansión.
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Carlos Recarte

Socio fundador de Recarte & Fontenla. Más de 20 años en consultoría de executive search y desarrollo directivo, en renombradas firmas como Korn Ferry-Hay Group, Garrigues Human Capital y Overlap, liderando proyectos para grandes corporaciones y empresa familiar en diversos sectores.