Si tuviera que jugar al póker, probablemente sería una jugadora malísima. No sé fingir ni disimular, y mi rostro lo diría todo. Los faroles no son lo mío. Claramente, esto me dejaría fuera de cualquier torneo de póker.
Sin embargo, en el mundo en el que nos movemos, y más en la selección de directivos, la transparencia es una de las mayores fortalezas. Ser genuino genera confianza, y en un contexto profesional, la confianza es clave para establecer relaciones laborales sólidas y exitosas.
Honestidad no es mostrar todas las cartas
A lo largo del tiempo, he comprendido que ser honesto no significa mostrar todas las cartas desde el inicio. En un proceso de selección, tanto empresas como candidatos juegan sus cartas con cautela. Las empresas no siempre revelan toda la información desde el principio, mientras que los candidatos pueden matizar sus vulnerabilidades u omitir ciertos aspectos que no los favorecen.
Cada parte mide sus movimientos y decide cuándo y cuánto revelar. Esta dinámica es comprensible, ya que ambos buscan la mejor oportunidad sin perder competitividad en el proceso.
El equilibrio entre claridad y estrategia
La clave está en el equilibrio. Ser honesto y estratégico puede ser una combinación poderosa. La claridad y la honestidad no implican exponerlo todo desde el minuto uno. La transparencia no está reñida con la estrategia; un buen jugador de póker sabe cuándo mostrar su mano y cuándo esperar.
De la misma manera, en una entrevista, es fundamental ser claro en lo esencial, pero también guardar ciertas cartas para el momento adecuado. Saber dosificar la información puede marcar la diferencia entre un candidato que inspira confianza y otro que parece demasiado reservado o, por el contrario, ingenuo.
La negociación: parte del juego
La negociación es parte del juego, tanto en el póker como en el mundo laboral. Ser claro evita malentendidos, ayuda a mantener el control de la situación y contribuye a construir confianza. En suma, permite que todo sea más justo.
Negociar no es solo cuestión de obtener beneficios personales, sino de generar acuerdos que sean favorables para ambas partes. Un candidato bien preparado no solo destaca por sus competencias, sino también por su capacidad de mostrar su valor en el momento justo.
Una claridad estratégica
Por ello, la mejor apuesta en una entrevista es una claridad estratégica. Juega con honestidad, pero no olvides guardar un as bajo la manga. No se trata de engañar o manipular, sino de presentar la mejor versión de uno mismo con inteligencia y prudencia.
Al final, un proceso de selección es como una partida de póker: la preparación, la lectura del entorno y la toma de decisiones en el momento adecuado marcan la diferencia entre el éxito y la derrota.
