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Carlos Recarte, socio director de Recarte & Fontenla, ha preparado estas reflexiones para todos aquellos que se están planteando abrir una nueva etapa profesional. El primer paso es mirar atrás con neutralidad, hacer balance, establecer prioridades… y trazar un mapa.

Comencemos… En la vida profesional hay sobre todo tres grandes momentos en los que el cambio se enfoca de maneras diferentes. La etapa inicial profesional, donde los primeros cambios no afectan tanto a nuestro futuro laboral; la etapa de consolidación profesional, donde ya nos desarrollamos en un área de actividad y dentro de un sector; y la etapa fuera del entorno profesional habitual que suele darse entre los 45 y 60 años, donde la experiencia y contactos adquiridos la capitalizamos de una forma más autónoma (consejeros independientes, proyectos de interim management, etc.).

La etapa inicial nos puede pasar factura si estamos demasiado tiempo en el mismo puesto y en el mismo sector, ya que será más complicado hacer virar al barco. Por ejemplo, si estamos de director de una sucursal bancaria más de cinco años y queremos cambiar a otro sector. Las posiciones corporativas (Dirección Comercial, Financiera, RRHH…) suelen ser más transversales.

La etapa de consolidación profesional es más delicada, ya que nos vamos posicionando por lo que nos va condicionando más en la toma de decisiones profesionales. Si nuestra motivación o intereses están alineados con lo que hacemos, será todo un éxito, pero si nos hemos metido en una rueda no deseada, la situación es diferente.

En esta etapa, si trabajamos en una gran corporación, suele ser práctica habitual que los directivos cambien de función (de negocio a recursos humanos por ejemplo). Este aspecto que puede ser positivo puede resultar perjudicial a la hora de cambiar de empresa.

La tercera etapa, si «hemos hecho bien los deberes” es de mayor apertura, ya que nos permitirá participar en varios proyectos de forma simultánea donde podremos aportar nuestra experiencia, know how y contactos. Esta tercera etapa es más sencilla para las personas que dominan un sector y han ocupado posiciones de primer nivel.

A grandes rasgos, en un nivel de dirección general, o CEO, las posibilidades de cambiar de sector suelen ser más factibles si la complejidad de la gestión es alta. Asimismo, si nos centramos en el mundo especializado (médicos, arquitectos, abogados, etc.), la edad no suele ser un problema. Este tipo de profesionales no suelen buscar el cambio a otros sectores salvo que no les quede más remedio (arquitectos en la crisis inmobiliaria, por ejemplo).

En el sector de consultoría estratégica es más habitual cambiar de empresa y casi siempre optan a posiciones de responsabilidad (normalmente compañías multinacionales que son las que valoran más este tipo de profesionales).

A su vez, a lo largo de la vida nos vamos convirtiendo en especialistas, con sus ventajas e inconvenientes:

Ventajas:

• Puedes ganar más dinero (si hay demanda).

• Puedes progresar más rápido en la empresa dentro de tu área (si tiene recorrido).

• Puedes ser un gurú en tu área de expertise. En este caso, tiene que estar muy alineada tu motivación con el puesto.

• La gente en general tiende a buscar expertos ya que les genera cierta tranquilidad a la hora de tomar decisiones.

Inconvenientes:

• Falta de flexibilidad laboral.

• Un enfoque como experto te permite acceder a oportunidades únicamente en tu área de trabajo.

• Al ser un mercado más estrecho, la competencia es mayor y debes destacar sobre la media. Por ejemplo, un director creativo en el sector de moda de lujo es una verdadera estrella si consigue una reputación. Lo mismo pasa en el mundo del deporte.

De hecho, si miramos las tendencias actuales, los perfiles tienden más hacia la especialización y la cualificación. Eso quiere decir, que si somos los mejores en “nuestro oficio” siempre tendremos trabajo. Si somos mediocres y especialistas nos irá medio bien, si hay una gran demanda de nuestros servicios. Por el contrario, si somos especialistas en un mercado renqueante o con tendencia bajista, podemos encontrarnos en un callejón sin salida.

Evidentemente, todo depende del sector donde estés operando y la función que ocupes. Se puede ser muy bueno en algo y realmente cerrarte las puertas por falta de visibilidad al no tener esa experiencia sectorial.

En cambio, si nos centramos en las posiciones más digitales, la experiencia sectorial por ahora no es tan relevante como los conocimientos. Un especialista en ciberseguridad, o un director de big data, lo tendrá más fácil para trabajar en todo tipo de sectores.

Otro tema es si uno quiere cambiar de sector y/o de función. Eso no es tarea fácil ya que en el mundo en el que vivimos, es fundamental posicionarse para que se acuerden de uno. Si un profesional va cambiando de sectores y empresas, será más complicado posicionarse. Si hay una columna vertebral que una todas las experiencias, puede ser beneficioso pero no en todos los casos. Por ejemplo, en las Big Four, consultoras estratégicas, despachos de abogados, la especialización es sumamente importante.

Asimismo, es importante conocerse muy bien y sobre todo conocer el mercado al que optamos. Sí o sí, hay que invertir en conocerse bien para identificar las competencias y habilidades que pueden alinearse con la función/puesto/sector y conocer muy bien el mercado, para visualizar nuestra aportación de valor. Por otro lado, el autoconocimiento siempre será garantía de flexibilidad, desarrollo y capacidad para evolucionar con los tiempos.

Sigamos… si la actividad a la que se quiere optar tiene similitudes con la experiencia anterior, debemos ser capaces de transmitir la aportación de valor ante el futuro empleador.

En cualquier caso, el tipo de empresa (multinacional, familiar o startup), su cultura, y sobre todo, la visión y apertura del equipo de gestión, influirá mucho en “arriesgar” con perfiles diferentes.

Las compañías tienen que ser cada vez más creativas e innovadoras por lo que se valora mucho la capacidad de profesionales que puedan dibujar la realidad de diferentes maneras. Desde esta perspectiva, reclutar personas de sectores diferentes, puede ser un elemento a considerar pero deberán tener una serie de competencias y habilidades acordes al puesto en cuestión.

Pero si tu deseo de cambio se ve enturbiado por un… “¿demasiado tarde para cambiar?”, mi respuesta sería que nunca lo es, sobre todo si durante el trayecto vamos haciendo las tareas donde el autoconocimiento y la curiosidad por la vida han de ser asignaturas transversales.

¡Buena Suerte!

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Carlos Recarte

Socio fundador de Recarte & Fontenla. Más de 20 años en consultoría de executive search y desarrollo directivo, en renombradas firmas como Korn Ferry-Hay Group, Garrigues Human Capital y Overlap, liderando proyectos para grandes corporaciones y empresa familiar en diversos sectores.