Comportamientos no ortodoxos

por | 7 Nov 2025 | Cazatalento, Directivos

Expansión

En procesos de búsqueda ejecutiva, los comportamientos menos “ortodoxos” pueden ser tolerados hasta cierto punto —pero con límites claros. En mercados donde los perfiles son muy escasos o la demanda es alta, los consultores pueden admitir cierta flexibilidad: entrevistas múltiples, negociaciones simultáneas, candidaturas paralelas. Esto se explica por la presión del mercado y por la naturaleza de candidatos pasivos que no buscan activamente.

No obstante, lo que no se pasa por alto es la falta de transparencia, el abandono sin aviso o el uso del proceso como táctica de negociación sin intención real de cambio. Las firmas de executive search trabajan con un alto nivel de inversión de tiempo, recursos y reputación, y su labor se apoya en datos, referencias y seguimiento estructurado.

Por tanto, comportamientos atípicos pueden sortearse (candidaturas activas mientras se evalúa, demoras en tomar decisión, etc.), pero una vez que se entra en fases avanzadas del proceso, la regla es la coherencia, y los comportamientos que rompen esta coherencia comienzan a tener coste.

En pocas palabras, “se pasan por alto” ciertos comportamientos menores si el candidato mantiene la comunicación, explica su posición y responde al proceso, pero no se pasan por alto las actitudes que demuestran desalineamiento con el compromiso mínimo.

 Abandonar un proceso

Cuando un candidato, con perfil de “alcanzable” o “demandado”, abandona en fases recientes del proceso sin una razón comunicada correctamente, se arriesga a:

  • Perder credibilidad: Las firmas de búsqueda valoran tanto las competencias como la fiabilidad. Un abandono injustificado mina la impresión de que el candidato está realmente comprometido o que trabaja de forma profesional.
  • Perder oportunidades futuras: Como headhunter, invertir en un candidato es invertir reputación ante el cliente. Si el candidato “rompe” un proceso, la firma valorará en futuras ocasiones con más reserva presentarlo.
  • Enviar una señal al mercado: En redes cerradas, el hecho de que un candidato haya abandonado sin motivo puede generar un “tag” de riesgo: “este perfil no cierra procesos”, “no está dispuesto a moverse realmente”, etc. Esa señal afecta su visibilidad y poder de negociación.
  • Coste personal/carrera: Un profesional que sabe que está en buen momento, pero actúa con poca “profesionalidad” podría estar saboteando una ventana de oportunidad. En mercados directivos, la reputación lo es casi todo.

En definitiva: más allá de perder una oferta, el candidato se juega su reputación profesional y futura visibilidad ante headhunters, firmas clientes y otros procesos.

Consecuencias

Para un candidato que es “seguido” por varias firmas de búsqueda, los efectos de conductas poco correctas pueden amplificarse:

Si uno de los headhunters “tiene malas noticias” sobre ese candidato, aunque no se comunique oficialmente a otros, la percepción cambia. Los headhunters comparten impresiones de mercado, aunque no nombres.

Consecuencia: menos acceso a mandatos premium. Las firmas pueden relegar al candidato a roles de menor prioridad, o simplemente no proponerlo a clientes “A-list”.

También puede perder potencial de negociación: si el candidato se ve como “riesgo” o “no compromiso”, la firma puede exigir condiciones más estrictas (menos flexibilidad, cláusulas de garantía, etc.).

Esta dinámica puede crear un efecto acumulativo: un simple abandono puede reducir la “capital de confianza” del candidato, y a la larga, afectar su posición en el mercado de talento de alto nivel.

A pesar de la confidencialidad

El sector del executive search opera bajo una fuerte exigencia de confidencialidad: entre cliente-empresa, candidato y firma. Es uno de sus valores esenciales. Por tanto, no hay listas negras formalizadas que circulen entre las firmas. Pero sí existe una cultura de reputación compartida: los consultores se mueven en redes profesionales comunes, comentan tendencias, alertas de mercado, perfiles “difíciles”, etc. Eso significa que un candidato puede “ser conocido” por su comportamiento —de forma indirecta, sin que haya un registro público— y eso puede afectar su tratamiento.

En nuestro caso, no hablamos con otros consultores sobre candidatos, lo cual respeta la confidencialidad estricta. Esa es la norma ética. Pero la realidad de mercado es que la confianza se construye y puede perderse, y los headhunters son conscientes del comportamiento de los candidatos con quien trabajan.

Retrato robot de los candidatos más demandados

Aunque no hay un “perfil único”, se pueden identificar ciertas características comunes en estos candidatos:

  • Son profesionales con trayectoria reconocida, reputación sólida y visibilidad en su sector —no necesariamente célebres, sino valorados por resultados y contactos.
  • Saben que tienen opciones y gestionan activamente su carrera; están en varios procesos o han recibido contacto de firmas de búsqueda con frecuencia.
  • Tienen claridad sobre su proyecto profesional: saben lo que buscan, lo que no aceptan, y manejan su agenda con criterio.
  • No se presentan como disponibles para “cualquier opción”: priorizan roles que realmente les activen, cultura que encaje, impacto, condiciones.
  • Actúan con autonomía, pero con respeto al proceso: dialogan con el headhunter, preguntan, comunican su situación, y si al final deciden decir “no”, lo hacen de forma profesional, con explicación y manteniendo relación.

Aun así, puede existir un matiz de “presumir de poder decir no”, lo que puede trasladar una imagen de que el candidato juega al mercado: cuando ese juego no se gestiona bien, puede volverse en contra. Y finalmente: saben que su reputación es un activo. Un mal movimiento —como abandonar un proceso avanzado sin aviso, o usarlo como palanca para contraoferta sin transparencia— puede costar más que la oferta que podrían haber conseguido.

Estas reflexiones surgen a raíz de mi participación en el reportaje de Expansión, elaborado por Montse Mateos junto a otros expertos, bajo el título “Por qué lamentará plantar a un cazatalentos”. Una conversación que pone sobre la mesa la importancia de la coherencia, la transparencia y el respeto mutuo en los procesos de búsqueda ejecutiva, donde cada interacción contribuye —para bien o para mal— a construir la reputación profesional.

Publicado en: Expansión
Categorías: Cazatalento, Directivos