«Permítanme que les presente este Plan de Acción que he preparado sobre su empresa tras revisar la información disponible hasta el momento.»
Así comenzó mi candidato su primera entrevista con una empresa importante. Confieso que, aunque fui prevenido con unas horas de antelación, sentí cierto pánico escénico. Sin embargo, el estupor inicial dio paso rápidamente a un interés genuino a medida que iba desgranando el contenido y captando la atención de los cuatro participantes. Supo dominar la reunión y dejó una excelente impresión, que se tradujo en una colaboración posterior.
Reconozco que un enfoque como este no siempre es posible. Sin embargo, en este caso, una combinación de buena preparación, criterio en la exposición y un estilo equilibrado marcaron la diferencia.
Claves para enfrentarse a una entrevista
Para ganarse a un entrevistador, lo primero es entender en qué fase del proceso te encuentras. Si la entrevista es con un cazatalentos, estarás en una fase preliminar, en la que el cliente busca explorar el talento disponible. La clave está en empatizar sin invadir su terreno, creando un clima cordial y dejando espacio para una conversación fluida y natural.
Como en una reunión de ventas, el candidato debe identificar los elementos clave para el entrevistador y posicionar sus atributos más relevantes, combinando aptitud y actitud. La experiencia profesional debe ponerse en valor con ejemplos concretos de retos asumidos y logros alcanzados, tanto en cada etapa profesional como en el conjunto de la trayectoria. Pero la actitud lo impregna todo: una vez superado el filtro de la competencia profesional, las habilidades personales serán las que inclinen la balanza. La forma de desenvolverse, la confianza y la autenticidad despertarán —o no— el entusiasmo del entrevistador.
Consejos para marcar la diferencia
- Usa un tono claro y didáctico, sin resultar condescendiente.
- Mide bien los tiempos, evita extenderte innecesariamente.
- Reformula preguntas, plantea dudas y solicita feedback.
- Muestra interés genuino.
No hay una fórmula mágica, porque cada entrevista es diferente. Pero la preparación, la empatía, la naturalidad y el sentido común son siempre una apuesta segura.
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