En el año 2004, una empresa de capital riesgo me invitó a ser el Director General de una de sus compañías. La empresa había sido fundada por dos emprendedores a finales de los 70 y había crecido muy rápidamente diseñando y vendiendo productos plásticos.

Poco después de que la empresa de capital riesgo la comprara, la compañía dejó de crecer y entró en una profunda crisis, debido a la competencia de productos chinos de bajo precio al mismo tiempo que se producía un aumento vertiginoso del coste de la materia prima (derivados del petróleo).

Yo iba a ser el tercer director general en un período de dos años. Parecía que nadie era capaz de sacar a la compañía de su crisis. Pero yo vi que era una compañía con muchas posibilidades: no tenía fabrica porque subcontrataba la fabricación de sus productos, pero, en cambio, tenía unos magníficos equipos de marketing, innovación e ingeniería. Además, todo el personal parecía muy comprometido y orgulloso de trabajar en la compañía. Es decir, había talento y entusiasmo por todas partes.

Todo por la satisfacción de hacer algo apasionante

Al poco de llegar invité a todos los empleados que lo desearan a unirse a una iniciativa que llamamos 7×7. Se trataba de crear siete grupos de siete personas cada uno que soñaran con nuevos productos para la compañía. No era un concurso, no dábamos más premio que la satisfacción de hacer algo apasionante y la posibilidad de aprender y desarrollar nuevas habilidades.

Formamos los grupos tratando de que fueran lo más heterogéneos posibles: combinaban almaceneros, con ingenieros, contables, administrativos, comerciales y directivos. Y pusimos en marcha un proceso de generación de nuevas ideas de producto que dio resultados extraordinarios en menos de un año.

El mejor de todos: la cesta de la compra con asa y ruedas. La compañía había vendido tradicionalmente cestas para la compra en supermercados, pero uno de los grupos se dio cuenta de que cuando usas una de esas cestas y compras demasiado, resultan pesadas e incómodas. En cambio, un carro de supermercado si no necesitas comprar mucho, resulta engorroso. Así nació algo que hoy es normal en todos los supermercados, pero que hace 20 años fue una novedad de tal calibre que duplicó la cuenta de resultados de la compañía y eventualmente acabó convirtiéndose en una compañía independiente.

Como veis, no hice otra cosa que imitar a las cafeterías del siglo XVIII poniendo gente diversa a charlar y combinar de forma creativa cosas que ya existían (la maleta trolley y la cesta de supermercado).

Historias de innovacion