Hace unas semanas iniciábamos esta serie en la Antártida. Allí aprendíamos que, cuando el control disminuye y el aislamiento se prolonga, la confianza y la calidad de las relaciones humanas se convierten en factores decisivos para la supervivencia del grupo.
Más tarde viajábamos a Sudán. En medio de una guerra, el doctor Jamal Eltaeb nos recordaba que el liderazgo también tiene que ver con la integridad: con la capacidad de permanecer cuando marcharse sería perfectamente comprensible.
Después nos trasladábamos a Tailandia. El rescate de los doce niños atrapados en la cueva de Tham Luang nos enseñó que existen problemas cuya complejidad supera el conocimiento de cualquier individuo y que solo pueden resolverse cuando personas muy distintas son capaces de colaborar con un objetivo común.
Hoy el escenario vuelve a cambiar.
La pregunta ya no es cómo dirigir equipos bajo presión, sino ¿qué ocurre cuando las personas con las que tienes que construir un proyecto son precisamente aquellas con las que casi nadie quiere trabajar?
Una organización nacida para desafiar el destino
En Los Ángeles existe una organización que lleva más de tres décadas respondiendo a esa pregunta. Se llama Homeboy Industries.
Su fundador, el sacerdote jesuita Gregory Boyle, llegó a la parroquia de Dolores Mission, en uno de los barrios más castigados por la violencia de las pandillas. Allí descubrió que muchos jóvenes no necesitaban únicamente disciplina o castigo. Necesitaban sobre todo alguien que creyera que todavía tenían futuro.
De esa convicción nació Homeboy Industries.
Lo que comenzó como una pequeña panadería terminó convirtiéndose en un conjunto de empresas sociales y programas de apoyo donde antiguos miembros de pandillas y personas que habían pasado por prisión pueden acceder a empleo de transición, formación, atención psicológica, asesoramiento jurídico, tratamiento de adicciones, eliminación de tatuajes y acompañamiento personal.
Hoy está considerado el mayor programa del mundo dedicado a la rehabilitación y reinserción de antiguos miembros de pandillas. Su lema resume toda su filosofía:
«Estamos en el negocio de las segundas oportunidades.»
El liderazgo como acto de confianza
Detrás de esa frase hay una idea mucho más profunda de lo que parece. La mayoría de las organizaciones dedican enormes esfuerzos a seleccionar a las personas adecuadas. Homeboy Industries parte de una lógica diferente. Antes de pedir que alguien cambie, crea las condiciones para que pueda recuperar su dignidad, sentirse parte de una comunidad y descubrir que todavía puede construir un futuro distinto.
Gregory Boyle suele repetir una frase que invita a reflexionar: «Nunca he conocido a un niño esperanzado que se haya unido a una banda.»
La violencia, sostiene, rara vez nace de la maldad. Con mucha más frecuencia nace de la exclusión, la falta de oportunidades y la ausencia de pertenencia.
Por eso Homeboy Industries no pretende únicamente ofrecer un empleo. Su propósito es devolver esperanza.
Cuando alguien confía antes que tú
Las historias de quienes pasan por la organización reflejan mejor que cualquier estadística el alcance de ese planteamiento.
Aaron Cobos describía su paso por Homeboy Industries con una imagen muy expresiva. Cuando llegó, decía, se sentía como una pieza de metal en bruto. Tras un proceso de trabajo personal y acompañamiento, consiguió incorporarse a Weber Metals y afirmaba sentirse como «una pieza nueva y brillante». «Nunca he sido tan feliz en mi vida», concluía.
Latisha Valenzuela explicaba que Homeboy Industries le devolvió la esperanza, una mejor comprensión de sí misma y el ánimo necesario para cambiar su vida.
Diana Olguin resumía su experiencia con la satisfacción de haber recuperado una vida que nunca pensó que podría alcanzar.
No son historias de éxito inmediato. Son historias de personas que recuperan poco a poco la confianza necesaria para construir un futuro diferente.
La lección para cualquier líder
En la empresa solemos hablar mucho de talento. Buscamos experiencia, conocimientos, resultados y trayectorias impecables. Todo ello es importante. Pero quizá una parte del liderazgo consista también en saber descubrir posibilidades allí donde otros solo ven errores pasados.
No todas las organizaciones pueden desarrollar un proyecto como Homeboy Industries. Sin embargo, cualquier directivo puede preguntarse si está evaluando únicamente el historial de las personas o también su capacidad para crecer, aprender y transformarse.
Liderar no consiste solo en identificar el talento que ya existe. En ocasiones consiste también en crear las condiciones para que ese talento pueda aparecer.
Investigación
Este artículo se basa en la experiencia de Homeboy Industries, organización fundada por Gregory Boyle en Los Ángeles y considerada el mayor programa del mundo dedicado a la rehabilitación y reinserción de antiguos miembros de pandillas mediante empleo, formación y acompañamiento integral. También recoge ideas desarrolladas por Boyle en sus libros Tattoos on the Heart: The Power of Boundless Compassion y The Whole Language: The Power of Extravagant Tenderness, así como en numerosas conferencias e intervenciones públicas sobre liderazgo, dignidad y pertenencia.
