¿Presión o pasión por los objetivos? Reflexiones sobre una cultura obsesiva

«La vida es un viaje y si te enamoras del viaje, estarás enamorado para siempre»

– Peter Hagerty.

 Vivimos un momento en el que la obsesión por cumplir objetivos y alcanzar el éxito es omnipresente. La presión por ser el número uno, tener miles de seguidores y demostrar constantemente nuestro valor ante los demás nos ha llevado a un punto de exageración. Creo que hemos perdido el norte.

El peso de las expectativas

La búsqueda incesante de logros y reconocimiento puede ser abrumadora. La constante necesidad de cumplir objetivos, trabajar largas horas y mantener una presencia digital activa nos consume. Es como si hubiéramos olvidado la importancia de equilibrar nuestras vidas.

La clave no es dejar de aspirar a metas, sino encontrar un balance que nos permita vivir con plenitud, que nos permitir saborear los buenos momentos y también los difíciles.

Trabajar para vivir o vivir para trabajar

La sociedad actual nos dicta que debemos ser sobresalientes en todo momento, hablar múltiples idiomas, y trabajar en las mejores empresas para ser considerados valiosos. Este mensaje no solo afecta a nuestra generación, sino que también impacta negativamente a las futuras generaciones. Les estamos enseñando que el valor personal depende exclusivamente del éxito profesional y la aprobación externa, lo que implica un pasaje a la insatisfacción contante, y quizá a la escasa salud mental.

El ejemplo de la NBA

Una famosa entrevista a un jugador de la NBA ilustra perfectamente esta problemática. Al ser preguntado por una periodista si se sentía un fracasado por haber sido eliminados en la primera ronda de los playoffs de la NBA , su respuesta fue reveladora: «¿Cada año que trabajas es un fracaso? ¿Sí o no? No. Cada año trabajas para conseguir algo, una meta. Ya sea un ascenso, cuidar a tu familia, darles una casa… Entonces no es un fracaso, son pasos hacia el éxito».

Esta perspectiva resalta la importancia del proceso y el aprendizaje que se obtiene tanto de las victorias como de las derrotas.

El valor del proceso

Es crucial reconocer que no todo vale en la búsqueda del éxito. Lo realmente importante es el proceso que nos lleva a cumplir nuestros objetivos y el aprendizaje que obtenemos a lo largo del camino. Disfrutar de cada etapa y valorar las experiencias vividas es esencial.

Al final del día, el disfrute y el crecimiento personal deben ser nuestras verdaderas métricas de éxito.

Creo que debiéramos reflexionar sobre la cultura exagerada de cumplimiento de objetivos y buscar un equilibrio que nos permita vivir vidas más plenas y satisfactorias.

El valor de nuestras vidas no debería medirse únicamente por nuestros logros profesionales, sino también por nuestra capacidad de disfrutar y aprender del viaje.

Esta es mi visión, no sé cuál es la tuya, ¿Compartimos?

Por Casilda Guelbenzu, socia de Recarte & Fontenla, Executive Search. 

Ítaca 

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues – ¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

– Konstantino Kavafis