El problema: el propósito se ha roto

por | 4 Mar 2025 | Empresas con propósito

Es hora de ser realistas. La mayoría de los líderes hablan de propósito, pero la verdad es que solo el 46 % de las empresas lo utilizan realmente para tomar decisiones. ¿Y el resto? Lo enmarcan en las paredes, lo imprimen en informes y se olvidan de él. Pero si no guía las decisiones del día a día, no es más que ruido.

Un estudio de 2022 de EY Lane4 reveló una brecha alarmante: el 86 % de los empleados sabía que su empresa tenía un propósito, pero el 42 % desconocía su contenido. Aún peor, el 71 % creía que los líderes tomaban decisiones basadas únicamente en razones financieras. ¿Conclusión? El propósito rara vez influye en la estrategia real.

Sin embargo, las organizaciones con un propósito superan a sus competidores. Según una encuesta global de Deloitte, la mayoría de los ejecutivos afirman que el propósito aumenta la satisfacción de los empleados y creen que impulsa la transformación.

El verdadero problema: Lo hemos hecho demasiado complicado

El problema no es que las empresas ignoren el propósito. Es que lo han convertido en algo:

  • Demasiado vago: No impulsa la acción.
  • Demasiado abstracto: No influye en decisiones reales.
  • Demasiado opcional: Un «extra», en lugar de un pilar estratégico.

Pero las mejores empresas no se quedan en discursos vacíos. Usan el propósito para contratar, despedir, innovar y liderar. Lo convierten en un motor de negocio.

El propósito es acción, no palabras

No importa qué tan inspiradora sea una declaración de misión. Si no se refleja en la forma en que una empresa opera, no tiene valor.

Pregúntese:

  • ¿Las decisiones refuerzan el propósito o lo contradicen?
  • ¿Las reuniones generan impacto o son solo trámite?
  • ¿Se contrata a personas alineadas con la misión o solo para llenar puestos?
  • ¿La innovación sigue valores claros o responde solo a tendencias del mercado?

El propósito bien aplicado genera energía y movimiento: mejores ideas, equipos más fuertes, una cultura vibrante. Cuando se ignora, todo se vuelve lento, sin inspiración y desconectado.

Si quiere un equipo comprometido, una empresa que atraiga talento y clientes leales, deje de tratar el propósito como un eslogan. Hágalo parte de cada decisión. Porque el propósito no se dice, se demuestra.

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